Sunday, August 28, 2005

BLENDED LEARNING, ¿ES TAN INNOVADOR?




Blended learning, naturalmente en inglés, como e-learning, on-line, m-learning, chat y tanta otra terminología propia del argot tecnológico/educativo que no hemos tenido reparos para aceptarla sin traducción, probablemente porque pensamos que así proponíamos una fórmula más innovadora que, seguro, vendería mejor.
Como ya, en otros pasados editoriales de este BENED, expusimos nuestras ideas sobre el concepto, características y requisitos del e-learning, trataremos ahora de aproximarnos a esta otra moda terminológica, el blended learning o blended e-learning. Parecería que nos encontráramos ante un sistema revolucionario, absolutamente nuevo, que va a solucionar todos los problemas educativos y de formación de la sociedad actual. La verdad es que leyendo alguna literatura al respecto así lo parece. Unos lo plantean como superador de los vicios y deficiencias que acumula la enseñanza presencial y otros, como la solución al estancamiento que, dicen, viene sufriendo el e-learning y remediadora, también, de las debilidades propias de los sistemas virtuales plenos.
En traducción literal, con blended learning nos estaríamos refiriendo al “aprendizaje mezclado” (to blend = mezclar, combinar) ¿?, ¿diríamos aprendizaje combinado, mixto, híbrido, amalgamado, anexado, entreverado, entretejido, integrado, dual, bimodal, semipresencial, semivirtual…? Ya nos definiremos en un próximo editorial sobre este concepto que ha tenido sus orígenes y principales exponentes en el ámbito de la formación empresarial. Ahora nos interesa resaltar el llamativo convencimiento de tantos articulistas o “prácticos” que asumen el e-learning desde hace algunos años, y el blended-learning más recientemente, como si de enfoques surgidos casi por generación espontánea se tratase. Es más, vienen a contraponerlos a la “denostada” educación a distancia (EaD), como si ésta hubiera que entenderla anclada exclusivamente en el material impreso, el correo postal y el teléfono.
Es evidente que el e-learning (enseñanza y aprendizaje digitales, como nos gusta decir), supone una variante de modernidad que viene a sustituir los materiales y vías de comunicación propios de la EaD de décadas pasadas, por soportes y redes digitales. Es decir, se trata de ofrecer una educación a distancia de hoy que debe procurar una mayor calidad tanto en los contenidos y su presentación, como en las interacciones simétricas, asimétricas, síncronas y asíncronas que, a través de las tecnologías digitales, se pueden generar. Pero insistimos, según nuestra conceptualización amplia de EaD, el e-learning, es EaD, al basarse en un diálogo didáctico mediado entre el profesor (institución) y el estudiante que, ubicado en espacio diferente al de aquél, aprende de forma independiente y también colaborativa.
Así, aprovechando los principios pedagógicos más sólidos, la EaD ha venido construyendo desde décadas atrás modelos institucionales/organizativos, pedagógicos y tecnológicos que hoy pueden valer (que están valiendo) a las más serias propuestas (hay muchas que no son serias) de sistemas digitales de enseñanza y aprendizaje que se presentan en todo el mundo.
Pues bien, acercándonos al tema que en este editorial nos ocupa, conforme los sistemas más tradicionales de EaD fueron evolucionando, nos encontrábamos con gran diversidad de modelos referidos a los porcentajes de distancia-presencia que se postulaban en cada caso. Surgieron así y se mantienen hoy:
a) Modelos a distancia que no contemplaban relación presencial alguna, incluso las evaluaciones se realizaban sin relación cara a cara. Hoy hablaríamos de e-learning total.
b) Modelos a distancia en los que todo el proceso se seguía a distancia pero existían algunas instancias o momentos presenciales obligados por el rigor que pretendía darse a las evaluaciones de carácter sumativo. En el e-learning, hoy existe también esta fórmula.
c) Modelos en los que se venían ofreciendo tutorías presenciales, además de las propias de los sistemas a distancia de entonces (correo postal y teléfono, fundamentalmente) y de los tecnológicos de hoy (tutorías telemáticas). Tutorías presenciales en la mayoría de los casos, de asistencia voluntaria por parte del alumno.
d) Otros modelos contemplaban estas sesiones presenciales voluntarias, además de otras obligatorias en aquellas materias o cursos que precisaban de determinadas actividades prácticas. Propuestas virtuales de hoy utilizan también estas fórmulas.
Pues bien, cuando se establecen las sesiones presenciales generalizadas, de carácter obligatorio, combinadas con tiempos propios de aquella EaD o del e-learning de hoy, surge lo que algunos han venido denominando como educación/enseñanza/aprendizaje semipresencial. En estos casos se han querido recoger las ventajas de la buena EaD, combinándolas con los probados beneficios de la buena formación presencial.
Algunos de los modelos expuestos podrían parecer alejados de la realidad. Sin embargo, son tan reales que todos ellos llegan, incluso, a convivir en una sola institución. Por ejemplo, en una Universidad tan reconocida como la UNED española, con más de 180.000 alumnos, 25 carreras de estudios reglados u oficiales y cerca de 500 cursos diferentes de educación permanente y postgrado, se muestran asignaturas, disciplinas o cursos que se ajustan a unos u otros de los modelos descritos. En sus carreras regladas se mantiene el modelo clásico de EaD complementado con tutorías presenciales en los Centros Asociados, dirigido a todos aquellos alumnos que aún no disponen del acceso fácil y económico a soportes y redes digitales. Pero hoy, la inmensa mayoría de las materias de carreras regladas de la UNED están virtualizadas y se ofrecen a través de Internet, manteniéndose la posibilidad de las tutorías presenciales de carácter voluntario, además de las preceptivas pruebas presenciales de evaluación que se exigen en todas las materias regladas. Algunas de estas materias, las de corte más experimental, exigen también presencia física de los alumnos ante el docente para la realización de determinadas actividades prácticas obligatorias.
En esta Universidad, en sus cursos de postgrado y de doctorado, existen todas las posibles variantes antes reseñadas: cursos ofrecidos íntegra y exclusivamente a través de Internet, otros que ofrecen encuentros presenciales voluntarios o que los exigen como obligatorios, otros con evaluaciones presenciales… Insistimos, todo ello, en la misma institución universitaria de educación a distancia.
¿Y cuáles ofrecen mejores resultados? Aunque no disponemos de estudios fiables al respecto, nuestra experiencia nos dicta que los resultados, la eficacia de estos cursos, programas y carreras dependen, no ya de la tecnología empleada ni de la cantidad o proporción respectiva de presencia/distancia, sino de los diseños pedagógicos, del uso adecuado que se hace de los recursos y de la preparación y disposición del profesorado. Evidentemente, si:
contamos con tecnología punta;
el diseño es adecuado;
también lo es el uso que hagamos de los recursos;
usamos con sentido pedagógico las tecnologías colaborativas;
disponemos de unos equipos docentes, directivos y diseñadores bien capacitados, convencidos y altamente motivados;
si todo eso es así, los resultados positivos estarán garantizados, se ganará en eficacia y eficiencia. Aunque de nada sirve todo esto si los contenidos propios del curso o materia no son de calidad. Ya sabemos, puede escribirse un excelente libro con pluma de ave y tinta y un desastroso texto utilizando la última generación de procesadores.
Como puede verse, el “invento” del blended learning no es de ahora, aunque la denominación, sí. Existen modelos, como hemos señalado, que han venido utilizando estas combinaciones de secuencias presenciales y a distancia desde hace varios decenios. Han combinado adecuadamente diferentes recursos tecnológicos, más o menos convencionales, que han potenciado la relación presencial de los formatos clásicos.
Es decir, algunos modelos de EaD, fueron evolucionando hacia el uso más sistemático de sesiones presenciales, aunque varios de ellos, posteriormente, dieron el giro contrario. Y desde la formación presencial, se viene evolucionando desde hace años, utilizando recursos que venían siendo más propios de una EaD tecnológicamente más avanzada.
Los extremos de este contínuum están claramente delimitados, enseñanza presencial 100% y enseñanza virtual 100%.
¿Situamos un punto dentro de ese continuo para definir nuestro tema de hoy?,
¿ese punto intermedio, es el blended learning?,
¿se recoge lo bueno de cada modalidad y se superan los vicios y puntos débiles de cada una?,
¿se ofrece una enseñanza presencial con apoyo de las tecnologías, o más bien se trata de una enseñanza virtual apoyada por un número determinado de sesiones presenciales?,
¿e-learning como complemento de la formación presencial, o encuentros presenciales como complemento del e-learning?,
¿blended learning como camino hacia la enseñanza virtual plena o como un modelo final, no de transición y con sentido propio?
Para nosotros, el denominado blended learning debería ser algo más que lo que algunos entienden como punto intermedio entre las dos modalidades. Seguiremos con este discurso en el próximo editorial.
© Lorenzo García Aretio - Editor del BENED -Titular de la CUED

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